miércoles, 6 de abril de 2016

SELECCIÓN DE POESÍAS DE AUTORES DE LA GENERACIÓN DEL 27: LUIS CERNUDA

LUIS CERNUDA


Reunió su poesía con el título común de La realidad y el deseo. Precisamente, resulta clave en su obra este conflicto entre realidad y deseo, entre la sociedad y el poeta. Uno de sus temas principales es el amor, que se quiere permanente y absoluto y que conduce a la frustración. Otros son la soledad, el hastío, la añoranza de un mundo más habitable…



Ninguna nube inútil
Ni la fuga de un pájaro,
Estremece tu ardiente
resplandor azulado.

Así sobre la tierra
Cantas y ríes, cielo,
Como un impetuoso
Y sagrado aleteo.

Despordado en el aire
Tantas luces altivas
Aclaras felizmente
Nuestra nada divina.

Y el acorde total
Da al universo calma.
Árboles a la orilla
Soñolienta del agua…

Sobre la tierra estoy;
Déjame estar. Sonrío
A todo el orbe; extraño
No le soy porque vivo.

(De Primeras poesías)

SI EL HOMBRE PUDIERA DECIR

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad
        de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería al fin aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso
       en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia   
      mezquina,
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y mi espíritu flotan en su cuerpo y espíritu, como leños perdidos que el mar anega o levanta,
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad porque muero.

Tú justificas mi existencia.
Si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he    
     vivido.
                 ( De Los placeres prohibidos, 1931)
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  Donde habite el olvido,
en los vastos jardines sin aurora;
dónde yo sólo sea
memoria de una piedra sepultada entre ortigas
sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
Donde mi nombre deje
al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
no esconda como acero
en mi pecho su ala,
sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el  
     tormento.
Allá donde termine este afán que exige un dueño a
    imagen suya,
sometiendo a otra vida su vida,
sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
disuelto en niebla, ausencia,
ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
donde habite el olvido.

    (De Donde habite el olvido, 1932-1933)
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MI ARCÁNGEL

No solicito ya ese favor celeste, tu presencia;
como incesante filo contra el pecho,
como el recuerdo, como el llanto,
como la vida misma vas conmigo.

Tú fluyes en mis venas, respiras en mis labios,
te siento en mi dolor;
bien vivo estás en mí, vives en mi amor mismo,
aunque a veces
pesa la luz, la soledad.

Vuelto en el lecho, como niño sin nadie frente al muro,
contra mi cuerpo creo,
radiante enigma, el tuyo;
no ríes así ni hieres,
no marchas y te dejas, pero estás conmigo.

Estás conmigo como están mis ojos en el mundo, dueños de todo por cualquier instante,
mas igual que ellos, al hacer la sombra, luego vuelvo,
mendigo a quien despojan de su misma pobreza,
 al yerto infierno de donde he surgido.

         (De Donde habite el olvido)

TELARAÑAS CUELGAN DE LA RAZÓN

Telarañas cuelgan de la razón
en un paisaje de ceniza absorta;
ha pasado el huracán de amor,
ya ningún pájaro queda.
Tampoco ninguna hoja;
todas van lejos, como gotas de agua
de un mar cuando se seca,
cuando no hay lágrimas bastantes,
porque alguien, cruel como un día de sol en
       primavera,
con sólo su presencia ha dividido en dos un cuerpo.

Ahora hace falta recoger los trozos de prudencia,
aunque siempre nos falte alguno;
recoger la vida vacía
y caminar esperando que lentamente se llene,
si es posible otra vez, como antes,
de sueños desconocidos y deseos invisibles.

Tú nada sabes de ello,
tú estás allá, cruel como el día;
El día, esa luz que abraza estrechamente un triste 
      muro,
un muro, ¿no comprendes?
un muro frente al cual estoy solo.
                                (De Los placeres prohibidos)
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DESDICHA

Un día comprendió cómo sus brazos eran
solamente de nubes;
Imposible con nubes estrechar hasta el fondo
un cuerpo, una fortuna.

La fortuna es redonda y cuenta lentamente
estrellas del estío;
hacen falta unos brazos seguros como el viento,
y como el mar un beso.

Pero él con sus labios,
con sus labios no sabe sino decir palabras;
palabras hacia el techo,
palabras hacia el suelo,
Y sus brazos son nubes que transforman la vida
en ire navegable.

(De Un río, un amor, 1929)

PEREGRINO

¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel le espere.
Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no pienas,
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope
Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada
Tus ojos frente a lo antes nunca visto


(De Desolación en la quimera)

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